Históricamente, las intervenciones se basaban en programas impuestos, sin opción a
cambio, que priorizaban la abstinencia, son considerar el bienestar emocional o físico de
los pacientes. Sin embargo, la investigación sobre las adicciones ha avanzado mucho,
dando lugar a modelos de tratamientos más innovadores.
Estos modelos se centran no tanto en el proceso de desintoxicación, sino también en
la recuperación y tratar de resguardar la salud mental, emocional y social del paciente. En
este sentido, la adherencia terapéutica se entiende como uno de los elementos críticos
para el éxito a largo plazo del tratamiento porque la mayoría de los que se mantienen en
el curso de tratamiento alcanzan la remisión sostenida. (Encalada, 2024)
Durante las últimas décadas, la evolución de los tratamientos para el consumo de
drogas en los CETAD ha estado marcada no solo por la aparición gradual de nuevas
modalidades terapéuticas, sino por su consolidación en la práctica. Las intervenciones
terapéutica, farmacológica y psicosocial, han demostrado su eficacia en diferentes
ensayos clínicos. Cuando se utiliza la medicación en la desintoxicación y el alivio de los
síntomas de la absitencia se han dado importantes avances, dando a los médicos y a los
pacientes más posibilidades de elección y un menos dolor en el tratamiento.
El acercamiento a la farmacología como la metadona, la buprenorfina y la naltrexona
ha revolucionado el manejo de la dependencia de opioides, antidepresivos y ansiolíticos
han facilitado el tratamiento de comorbilidades habituales en pacientes dependientes
(Toala, 2021).
La adherencia de los pacientes a los tratamientos farmacológicos es escasa, y no está
garantizada la continuidad a largo plazo. Sin programas de psicoterapia, es prácticamente
imposible mantener a raya la adicción. (Zambrano, 2023).
La adicción es una enfermedad con bases neurobiológicas, y el organismo, a menudo,
precisará ayuda especialista si no desea consumir drogas. La adicción al tabaco es
especialmente conocida, dado que se produce de un modo físico evidente en fumadores e
incluso en quienes no consumen tabaco. No obstante, los síntomas de la abstinencia
siguen siendo comunes y altamente debilitantes. (Oviedo & Roma, 2024).